Tercer monólogo periodístico de la serie preparada por reporteros de Perro Crónico. Fabiola Márquez narra cómo logró salir del edificio donde tenía su pequeño negocio familiar, que se desplomó ante sus ojos con dos trabajadores aún adentro. A un año, reflexiona sobre las emociones humanas y sobre las decisiones desafortunadas.

Cuando le dijimos que se apurara, fueron segundos. Él, pudiendo haber salido a Petén, tomó la decisión de meterse y apagar la caldera. Ya no logró salir.
No quiero que me creas completamente, no estoy segura de muchas cosas, todas son conjeturas de una historia que ante mis ojos parece borrosa. Es como la sensación que tienes cuando despiertas y tienes los ojos entreabiertos. No nos imaginábamos que podía pasar esto. Nadie lo pensaba. Ese día llegamos al negocio a las nueve de la mañana, la hora en la que cada día abríamos las puertas a los clientes. De hecho, hicimos el simulacro, lo hicimos bien, salimos y analizamos el lugar en el que podíamos pararnos en caso de que temblara muy fuerte. Pensamos que el camellón era lo más seguro. Mi mamá le dijo a los empleados que salieran, pero no quisieron, se quedaron dentro.

solo recuerdo estar parada del otro lado de la acera viendo cómo colapsaba el edificio, nuestro negocio de toda la vida, con dos compañeros dentro.

No me acuerdo, todo fue muy rápido. Aún me retumba en los oídos el ruido de las estructuras tronando. Pedacitos de pintura caían sobre el escritorio. No sé cómo salimos, solo recuerdo estar parada del otro lado de la acera viendo cómo colapsaba el edificio, nuestro negocio de toda la vida, con dos compañeros dentro.

Le gritamos. Miguel venía detrás de nosotros, pero regresó al edificio. Ya no pudo salir. Miguel siempre estaba preocupado por tener todo bajo control. De las dos calderas que teníamos, una era de gas y él no quería que una chispa provocara un accidente mayor. Aunque el temblor se sintiera suave, Miguel apagaba todo. Fue un héroe, porque lo hizo, la apagó y con eso extinguió cualquier posibilidad de que ocurriera algo peor. Era como nuestro hermano, era parte de la familia. Miguel tenía once años trabajando con nosotros. Su pérdida nos dolió, nos replanteó todo. Los héroes no siempre sobreviven.

Vicky tenía los pies anclados al cemento y no pudo moverlos. Todo le cayó encima.

El cuerpo de Miguel fue el último que encontramos el domingo en la madrugada. Igual que Vicky, los encontramos a la mitad del camino. Yo creo que intentaron salir. Fue tan rápido que no nos esperábamos eso. Normalmente dices “está temblando” y después medio reaccionas, pero si no hubiéramos reaccionado como lo hicimos, no estaríamos aquí. Vicky no pudo sobrellevar el miedo, se paralizó. Estaba atada a la columna y en su cara sólo se dibujaba pánico. La tengo muy presente. Vicky tenía los pies anclados al cemento y no pudo moverlos. Todo le cayó encima. A sus hijos no les importó, nunca llamaron para preguntar por ella. El único que lo hizo fue su esposo. Se acababan de casar. Yo creo que cuando mucho, tenían siete meses siendo marido y mujer. Él se quedó solo a sus ochenta años; ya no tenía con quién terminar su vida. Para él, todo ya había acabado.

Todavía sigue cerrada la calle de Emiliano Zapata. El 19 de septiembre fue un giro de 360 grados, sin embargo, creo que no logramos regresar al punto de partida. Todo cambió, tanto para los que tuvieron una pérdida cercana, para los que estuvieron a punto de perder algo o para los que solo fueron observadores. Nosotros vamos a volver a empezar. Todo es nuevo aquí, aún nos seguimos adaptando. Lo único que nos queda es mantener la esencia y siempre recordar a Miguel como un héroe, su valor lo llevó a la muerte y a Vicky como una víctima de una de las emociones más humanas, el miedo.

*Este texto fue elaborado en la clase de Diseño y Edición de Publicaciones a cargo de Federico Mastrogiovanni, que forma parte del Subsistema de Periodismo de la Licenciatura en Comunicación de la Ibero.


Foto: David Alexis Nolasco (Voluntarios moviendo escombros, 19-09-2017. La imagen corresponde a la Colonia Roma Sur)


Edición: Sergio Rodríguez Blanco y Federico Mastrogiovanni

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