En su columna Breviarios al límite, Vivian Romeu, especialista en análisis del discurso, hace una lectura de la participación democrática que le otorgó la victoria a Andrés Manuel López Obrador en las elecciones del 1 de julio de 2018 en México.

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Foto: Isaac Esquivel

El primero de julio fue, efectivamente, un día histórico. Hoy la esperanza desborda. No sé aún las cifras de participación electoral, pero a juzgar por lo que vi en mi barrio, la gente salió a votar en serio. El proceso fue impecable. La victoria fulminante. 53 por ciento de los votos otorga una legitimidad sin precedentes, al menos en la más reciente historia electoral del México contemporáneo.

Oí los discursos de López Obrador en pleno fragor del triunfo; oí, vi, su emoción, su conmoción. La esperanza de la gente no pudo más que aumentar. Vi el poder desplazándose irremediablemente: la policía capitalina abriéndole el paso, escoltándolo, la gente saludándolo, uniéndosele; oí cómo AMLO ha pactado también el co-gobierno para estos cinco meses que lo separan de su nombramiento como Presidente Electo y el de Presidente en funciones. Vi la muestra de civilidad democrática que dieron los candidatos perdedores al felicitar a AMLO por su triunfo, el mensaje de Enrique Peña aceptando la derrota de su partido y asegurando un proceso pulcro, envidiable, pacífico, equilibrado. He ahí la transición con todas sus letras: lo único, pienso, que puede ayudar a transitar por caminos más justos a este país que tanto quiero y que tanto lo ansía y merece.

No hay misterio ya en López Obrador. Está claro todo, excepto los cómos, su talón de Aquiles. Hace falta mucho dinero para hacer el modelo neoliberal que propone, uno más distributivo, y si se quiere más nacionalista. AMLO ha dejado claro esto en su discurso. Ha tendido puentes con todo el mundo, ha logrado un nuevo y verdadero Pacto por México que, en las condiciones socio-históricas actuales es todo un reto, ¡y lo ha construido desde abajo!, con una base social extremadamente fuerte y con la que creo impulsará el músculo político de su innegable legitimidad.

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Foto: Hugo Valdez Padilla @ugovalpad

Noche posterior a la jornada electoral, Av. Juárez.

Ahora toca no defraudar toda esa euforia. Cumplir con lo prometido. Romper inercias a través de esa revolución moral que ha sabido conducir y que me parece por demás sumamente relevante. AMLO tiene una visión de Estado y esta está intrínsecamente vinculada al proceso de transición que encabeza. Es un cambio de régimen que fortalece a México en lo interno y manda un severo y tranquilizador mensaje de unidad a Trump. Es otra proyección de México para el mundo. Un México unido, legítimo, transformador. Es evidente que las cosas que hay que hacer se harán con AMLO de una forma distinta.

Habrá que pensar la inserción de este fenómeno social y político en el proceso de izquierdización reciente en América Latina. Yo no he podido más que recordar el parecido con la Revolución Cubana, con la base social del régimen de Lula en Brasil, con el movimiento indigenista de Evo Morales en Bolivia, la limpieza moral y el disciplinamiento administrativo de Mujica en Uruguay. No se trata de un Maduro, de un Chávez, de un Daniel Ortega, ni un Fidel Castro. AMLO es un nacionalista que entiende el tablero del juego político en su país. Puede que derive en un socialdemócrata, o incluso, como bien señala Facundo González, en un demócrata cristiano. Hay ciertamente en López Obrador algo de esto. Justicia y democracia, los dos grandes pilares de su programa de gobierno. Bien por México, bien por AMLO, bien por la ciudadanía, los derechos, los más pobres.

Sr. Presidente, tiene en sus manos el futuro de esta nación. Es bastante probable que dadas las expectativas generadas, su gobierno sea uno de los más escudriñados. Ud. ha logrado desatorar también la participación ciudadana y eso implica escrutinio. Es lo más sano, sobre todo ahora que parece tener mayoría en todo, incluso la necesaria para cambiar la ley, la Constitución. Esto es prácticamente un cheque en blanco de la ciudadanía. No lo desperdicie ni lo defraude. Ha demostrado ser un genio de la política, pero también tiene sus bemoles. Eso nos preocupa a muchos y exigiremos. Espero sepa y pueda estar a la altura de lo que usted mismo dice encarnar.

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Foto: Hugo Valdez Padilla @ugovalpad

Noche posterior a la jornada electoral, Av. Juárez.

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