Revancha, una tienda de nicho en la Ciudad de México, reivindica una historia paralela de la música con toques de funk, hip hop, jazz, soul, afrobeat, reggae, blues, salsa y bugalú.

Decir que a “Gran M” le gusta la música es acertado, pero también es una atenuación. Desde hace tres años, Manuel Carrasco, o “Gran M” —su apodo radiofónico— regenta la tienda de discos de vinilo Revancha, en la calle Colima 110. Lo que define a Revancha, más allá de los géneros especializados en su catálogo —funk, hip hop, jazz, soul, afrobeat, reggae, blues, salsa y bugalú— es que la respalda la mente de “M”.

Manuel llega a su tienda antes del mediodía —horario de apertura—. Viene desde la colonia Nápoles en el metrobús, línea La Piedad: rostro redondo, siempre porta barba, pero nunca bigote; sus ojos tras unas grandes gafas. En la mano izquierda destellan dos anillos metálicos, uno de la máscara del rapero MF Doom y otro de una calavera con un penacho. Está en sus early forties.

La idea detrás de la tienda es la reivindicación y revancha de los géneros musicales africanos.

“Mi trabajo es una labor como de evangelización. ¿Qué hacían los evangelistas? Iban por ahí repitiendo las mentiras que les habían contado. No es mi intención convertir a nadie, pero sí poner la información a disposición de todos”.

“Éramos raperitos, y la gente te hacía burla, hasta hace poco eso se replicaba”.

La iniciación musical de Manuel fue de niño, en el Colegio Gran Unión. Pasaba el rato con el oído pegado a la radio y ahí tuvo su primer romance con el vinilo.

“De morro me gustaba Kiss, me gustaban los discos, igual los oía y no entendía de qué iban, pero me gustaban las portadas, me gustaba que los gueyes estuvieran maquillados. La parte estética de una banda siempre me gustó mucho”.

Su primer álbum de hip hop fue Lengua de hoy, de Caló, y ahí descubrió que la afición al género estaba estigmatizada.

“Éramos raperitos, y la gente te hacía burla, hasta hace poco eso se replicaba. ¿Qué, yo simulo tener una guitarra en las manos [a modo de burla] cada vez que alguien me dice que le gusta el rock?”.

Mientras estudiaba Ingeniería en Sistemas en la Universidad Iberoamericana, en Ibero 90.9 Manuel se convirtió en “Gran M”, locutor de Scratchamama, el programa de hip hop y uno de los más longevos de la estación. “Davo” Peñaloza, locutor de Wake and Bake y colaborador de “M” desde 2009, lo describe como un difusor de música rara.

“Siempre muy a su estilo, medio pachecón, con un humor muy ácido, un humor muy negro. Gracias a él conocí muchas canciones básicas del hip hop. Ponía muy buena música, rolas que no conocía, me presentó a muchos artistas”.

Manuel también evangeliza como DJ.

“Pone mucha música que muchos no ponen, por lo general lo que importa de un DJ es que ponga rolas que la gente se sepa; Manuel te enseña música también”, cuenta Davo. “Uno está ahí con el Shazam listo para adivinar las canciones que pone”.

En eventos no es un DJ virtuoso ni un maestro del mixer, pero es siempre reconocido por su colección envidiable.

Además de compañero radiofónico de Manuel, “Davo” es cliente frecuente de Revancha. “No hay una tienda en la ciudad así, al menos que yo conozca. Nadie tiene su catálogo, uno puede ir a otras tiendas de discos y encuentra una que otra cosa, pero ahí es el lugar de ese nicho. Te lo digo yo que conozco de esos géneros: no es fácil encontrar un lugar que se clave en esas categorías. Es mi dealer de música”.

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ILUSTRACIÓN: Aida Elías Calles

Gran M

Revancha no es la única tienda de nicho en la Ciudad de México. También está Dedos Sucios —que se especializa en el formato de siete pulgadas y ritmos latinos y psicodelia— y Discos Chowell, cuyo catálogo gira alrededor de disco y otros géneros bailables de los años ochenta. Lo más importante para una tienda de nicho es que la respalde una idea más allá de solo vender discos, pues no suelen tener un catálogo más variado, como en el caso de establecimientos como La Roma Records. Los lugares de nicho suelen depender más de conocedores y coleccionistas con gustos muy específicos a su repertorio, además de importar mucho de lo que se vende.

“Gran M” compara su tienda de vinilos con un supermercado: “Si vas al súper vas a ver muchas chelas, pero si vas a una cervecería especializada, vas buscando algo más específico y ya le sabes”.

En Revancha lo más importante, y lo primero, es lo que se puede percibir con el oído. Los estantes de discos ocupan el espacio, así como un mural con una portada de Madlib como fondo. La pintura muestra una versión del óleo de Washington en el Delaware, pero en este caso, el padre de la patria norteamericana es Miles Davis, flanqueado por Herbie Hancock. En el mostrador hay dos mixers y un par de tocadiscos en los que siempre giran vinilos. Manuel se ocupa del volumen —que permita la conversación, pero sin que se pierda—. En Revancha, suenan artistas como Robert Johnson o discos como Maggot Brain, de Funkadelic, el favorito de “M”. Detrás del mostrador está Manuel, sereno y callado, leyendo con un café.

“Soy un facilitador. Soy un mensajero, no soy un templario, no estoy en una cruzada: yo soy el arcángel Gabriel en todo caso”.

Cuando un cliente cruza el umbral de Revancha, Manuel le recibe con la misma frase: “¿Buscan algún género en particular?”. Para “Gran M”, la música es casi tan importante como el género. Si bien disfruta de varios géneros como el soul o el blues, el hip hop es supremo, en gran parte, por el sampleo: el arte de unir fragmentos de otras canciones para crear algo nuevo.

“El hip hop, al final está relacionado con todo. Y eso es lo chido. Todos los géneros se alimentan de lo que ha pasado antes, Los Beatles de Chuck Berry, Chuck Berry de Muddy Waters, Muddy Waters de Robert Johnson, y así, hasta llegar a los tambores en África, hasta aproximarse a ese beat. Todo eso cabe en el mismo universo del hip hop, puedes samplear lo que sea”.

Al esparcir su mensaje Manuel evoca a una figura bíblica.

“Soy un facilitador. Soy un mensajero, no soy un templario, no estoy en una cruzada: yo soy el arcángel Gabriel en todo caso”. Un arcángel que predica efectivamente desde la colonia Roma, pero su santa sede está en el corazón de la Ciudad de México.

La puerta de Revancha la cruzan personajes diversos con distintas intenciones, pero casi siempre buscan los géneros de “M”. Óscar Cedillo, con unos gruesos lentes que lo ayudan en sus largas jornadas como jefe editorial en Milenio, es también DJ. Busca un disco de Fela Kuti, el nigeriano padrino del afrobeat, para celebrar el aniversario de Milenio TV, un evento en donde se pintarán teles antiguas bajo la supervisión de Avelina Lésper. Hurga entre los anaqueles, bajo la tutela de “M”.

“Ese es funk puro, más que afrobeat, el mejor de Fela Kuti es este”, le dice el dueño, al momento que saca el disco.

Antes de llevarse los vinilos, Óscar los prueba en la tornamesa. Escucha y se mueve al ritmo, chasquea los dedos, busca el beat, su cola de caballo se menea levemente de arriba abajo y el movimiento hace más evidentes sus tatuajes, sobre todo uno de la mancha de labial de un beso en el cuello. El que más le llama la atención es Hot Pants de James Brown, y finalmente se lo lleva, junto con dos del padrino nigeriano.

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revancha

ILUSTRACIÓN: Aida Elías Calles

Revancha

Poco antes de la partida de Óscar entra otro arcángel. Uriel es muy alto, con una cara larga, delgada y un bigote de beduino. Mientras busca entre los estantes de vinilos, se comunica en hebreo con su compañero, un hombre bajito de lentes, que parece más un contador que un DJ. Uriel se interesa en particular por un disco, con una estética colorida de los años setenta y una leyenda que dice “sólo para adultos”. Con un inglés roto, Uriel pide reproducir el disco en la tornamesa.

El gigantesco visitante de Revancha es un DJ originario de Tel Aviv: “Vengo a la UNAM a hacer un show. Tengo una colección de discos y me gusta tocar en eventos, aunque en realidad soy ingeniero en audio”.

Suena una introducción musical y palabras en español. La confusión invade el rostro del israelí. “M” dice en español: “¿Cómo le explico? Es un disco de albures”, e ilustra a Uriel sobre el doble sentido mexicano traduciéndolo como “joke”.

Pone más discos en la tornamesa, busca un bajo funky, pesado, ya que son los más populares en Israel. Después de pagar, vacila. Finalmente, pregunta con timidez: “¿Podrían decirme dónde comprar un poco de hierba?”. Manuel le contesta de manera sobria, que no se meta en esos temas en México: “Te van a hacer pendejo”, dice en español. Tras la insistencia de Uriel, “M” lo refiere al centro de la ciudad.

Hay otros que llegan a Revancha sin buscar un género en específico. Pero Manuel no los considera dignos de recibir el mensaje. Jorge, un ingeniero de unos cincuenta años, caza vinilos más por la portada que por su peso musical. Pide Guns N’ Roses y Yes. “Gran M” contesta con amabilidad, pero revelando cierta irritación responde: “Aquí no hay nada de eso”.

Manuel en un principio se dedicó al management, gracias a una afinidad por la administración.

“No hacía nada de sistemas, pero sí trabajé para una empresa de IT varios años.”

La faceta cruel de la administración no le terminó de agradar.

“Lo peor que yo tenía en mi trabajo es que tenía que informarle a la gente que ya no trabajaba con nosotros. Y esa era una de mis responsabilidades. Es incómodo tener que decirle a alguien: ‘te voy a regresar a tu lugar y voy a traerte tus cosas’”.

Tras años de insatisfacción, y un desempeño mermado, a Manuel lo despidieron. Después de un período de desempleo, abrió Revancha con su hermano y un socio. Ahí pudo dedicarse a su pasión, y aunque “M” sueña con encontrar vinilos raros en Jamaica, Brasil o El Salvador, y descubrir samples nunca antes escuchadas, se conforma con su contribución desde la calle de Colima.

“Para mí es básico que la gente sepa que el rock de Elvis, que el rock de los Beatles, que el rock de Zeppelin tiene un origen que no es blanco”.

La Colonia Roma se ha convertido en un centro gastronómico, cultural y de vida nocturna de la Ciudad de México. La actitud disidente de lugares como Revancha, encajan en el contexto de la zona, pero todo viene con un precio. A tan sólo una cuadra de la tienda, en la esquina de Colima y Córdoba, está la famosa tienda de botas Doctor Martens. Aquí es posible conseguir para los pies un look punk y alternativo por unos 3 mil o 4 mil pesos. Revancha tampoco escapa en ningún momento a la oferta y a la demanda, y en ocasiones se ha tenido que incluir a Pink Floyd y los Beatles entre el catálogo, ya que finalmente son artistas muy buscados en tiendas de discos.

Durante su tiempo libre, Manuel goza de leer y cazar vinilos. Su género literario preferido —junto con libros de música— es la novela policiaca, particularmente de policías corruptos, que se desvían de la ley. En sus tiendas predilectas, como Discodelic en la colonia Escandón, o Music Box en Guadalupe Inn, Manuel es un detective del vinilo.

“Me gusta ir a todas [las tiendas], en todas puedes encontrar cosas”.

Su más reciente adquisición en una visita a Music Box fue uno de Sade y otro de Dancehall.

Inmerso en un contexto donde la búsqueda de vinilos se resume en la popularidad de ediciones de rock clásico, Manuel desafía esta ley. Prefiere buscar los orígenes en la diáspora africana.

“Odio cómo dicen que los Beatles son lo más importante hoy en día. Más allá de hablar de los Beatles, para mí es básico que la gente sepa que el rock de Elvis, que el rock de los Beatles, que el rock de Zeppelin tiene un origen que no es blanco. Y que los blancos aprovecharon eso y se apropiaron. Y se vieron beneficiados”.

Para Manuel, el rock blanco le debe todo a Chuck Berry y al blues, los verdaderos artífices.

Al cruzar el umbral de Colima 110, se puede entrar en contacto con un dominio y santuario de la música africana, con su arcángel designado para esparcir su mensaje. Siempre cuidando que no deje de girar el vinilo.

Trabajo producido en la clase “Empresas informativas” con el Dr. Sergio Rodríguez Blanco (Licenciatura en Comunicación, Subsistema de Periodismo, Universidad Iberoamericana)
Edición: Sergio Rodríguez Blanco

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