Alicia Alonso dio su último aliento a los 98 años. Zapatillas que encontraron mañas a pesar de la ceguera hoy se colocan en un pedestal inquebrantable. Aquí un perfil con algunos secretos de la primera bailarina cubana, atesorados por quienes trabajaron con ella y ahora enseñan danza en México.

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Juan María León Piña

Alicia Alonso ayer y hoy

Era incansable. La edad se le resbalaba del cuerpo cuando decidió aparecerse en el escenario con 91 años. Fue un verdadero escándalo aquel 2012. Alicia estaba deseosa de bailar otra vez y todos ansiaban saber qué era lo que tenía preparado

Lo que el público desconocía es que ella, además de ser casi ciega, tenía una costilla rota. Esto me lo cuenta Jorge Vega siete años después en la recepción de la escuela de danza donde enseña ballet, en la exclusiva zona de Santa Fe en la Ciudad de México, a minutos del inicio de su clase. ¿Por qué lo sabe? Porque él fue su partenaire en el escenario.

“Déjame decirte que en Cuba el ballet es como el futbol en México: los fanáticos de la danza están siempre esperando la última noticia”, me dice Vega.

Retrato del recuerdo fue el nombre que se le dio a aquel Festival Internacional de Ballet. Se reunieron estrellas retiradas de la danza, como los primeros bailarines cubanos Marta García y Orlando Salgado, ambos en sus sesenta, tres décadas más jóvenes que Alicia Alonso. La presentación completa no duró más de diez minutos, pero tan sólo dos de Alicia en escena bastaron para que mil 500 personas abrumaran en aplausos el Gran Teatro de la Habana.

La escuela cubana tiene la particularidad de que cuando se baila en pareja, si la mujer está descolocada, si no hace bien una pirueta, si no mantiene el equilibrio, no importa, siempre la culpa la tiene el hombre.

“No es que uno tenga miedo al bailar con Alicia, pero te preocupa porque no eres tú, es ella, y como siempre tú tienes la culpa, pues la preocupación es doble”, cuenta Jorge.

Pero a Jorge, como partenaire, lo que le preocupaba era sobre todo cómo debía cargarla para no lastimar más la fractura: “Yo pensaba: mientras está cerrado el telón a lo mejor y no puede caminar, pero en cuanto suena la música, aguántala, porque ella ya está bailando”.

Danzar con Alicia era como transitar entre seres nocturnos que se perciben por el olor.

“Cuando yo empecé a bailar con ella me regaló un perfume, de azahar, un perfume caro ¿eh?, yo no lo podía comprar. Pero me dijo: te lo pones cada vez que bailes conmigo. Era para encontrarme en el escenario. A lo mejor a cada partenaire le daba uno distinto”.

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“¿Cómo se me ve la diferencia? Yo no bailo rumba”

Existe un sexto sentido que caracteriza a los ciegos y que probablemente se desarrolla aún más en quienes se dedican al arte. Ella caminaba por el salón de clases y sabía, con sólo sentir el respirar de los bailarines, quiénes tenían el talento. Bailando en el escenario, identificaba las fallas de sus partenaires con escuchar el ritmo con el que sacaban el aliento. Cuando alguien entraba a su oficina inmediatamente percibía su estado de ánimo por la velocidad con la que hablaba. El elemento esencial para Alicia era la respiración: la de ella y la de los demás.

La visión de Alicia Alonso había pasado a segundo plano cuando a los 20 años sufrió desprendimiento de retina en ambos ojos. Mientras la recuperación implicaba mantenerse inmóvil, las zapatillas de punta siempre iban primero.  Ella vio siluetas desde el momento en que comenzó su carrera: su escudo fueron las coreografías que quedaron implantadas en su memoria, pero había algo más en su forma de moverse que la distinguía de cualquier otra bailarina de su época.

“Cuando bailé por primera vez en Estados Unidos decían que yo bailaba los grandes clásicos como una latina. ¿Cómo se me ve la diferencia? Yo no bailo rumba”.

Alicia Alonso expresaba esta idea durante una entrevista en el programa A solas, deduciendo que la crítica refería a que sus brazos y manos creaban un ritmo aéreo, remarcando una expresión que posteriormente se volvería un símbolo del Ballet de Cuba.

The New York Times publicó en el 2010 que, vista desde otro ángulo, hay quienes la observan como una herramienta que sirvió para el régimen de Fidel, o bien, como una persona que había durado demasiado tiempo en ese puesto, pues fue directora del Ballet Nacional de Cuba durante más de 60 años. Después ocuparía ese cargo solo de forma nominal.

Durante la década de los sesenta el foco internacional de la danza era Cuba. Alonso colocó a su isla dentro del mapa, y ha logrado mantenerse ahí hasta la fecha. Mientras tanto, ella fue compilando sinfín de reconocimientos, desde ser distinguida en 1959 como parte del club de las Primeras Ballerinas Assolutas hasta ser reconocida con el premio Benois de la Danza en el año 2000. Su desenvolvimiento y técnica fueron contemplados por todos, menos por ella misma.

Lo que es indudable es que Alonso logró levantar un imperio reconocido como el “milagro cubano”. No hubo bailarinas como ella en Nueva York.

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“Salte por favor, respira, cuenta hasta 10 y hablamos”.

“No, ¿sabe qué?, es que Alicia ya no responde preguntas por teléfono, tendría que mandárselas por correo y, aun así, es muy raro que conteste”. Pedro Simón, esposo de Alicia, trabaja como director del Museo Nacional de la Danza de Cuba. Mientras él da motivos para huir de mi llamada, yo prosigo a explicarle que es a él a quien me interesa entrevistar para hablar de Alicia. Ninguno de los dos sabemos que ella morirá dentro de unos meses, el 17 de octubre de 2019. La llamada se corta, e indecisa de si la causa es la mala señal o su evasión a mis preguntas, persisto en alcanzarlo. Es hasta el cuarto intento cuando entiendo que, aunque insista, Simón ya no tomará mi llamada.

Simón es el segundo esposo de Alicia. El primero, de quien tomó el apellido, Fernando Alonso, también era bailarín. “Entre Alicia y Fernando siempre hubo cierta rivalidad artística, más cuando se separaron. Por eso cuando él muere, en el 2013, ella ya no vuelve a ser la misma, él era su motor”, me dice Vega.

Alicia tenía varios partenaires, pero sólo uno oficial: Jorge Esquivel. Vega estaba entre sus parejas de baile, no era el primero, quizá, pero sí un buen acompañante que conoció hasta los recovecos más profundos de su historia. Con la sonrisa pícara y el pecho inflado, menciona a la bailarina en cada clase que imparte y atrapa recuerdos para que la leyenda no se desvanezca.

Entre las anécdotas de Jorge, tiene muy presente una en la que estaba furioso porque no lo habían incluido en la lista del elenco del ballet de Carmen, cuando él ya era primer bailarín. Bastó con abrir la puerta de la oficina de Alicia para que le respondiera: “Salte por favor, respira, cuenta hasta 10 y hablamos”.

Su trabajo como directora no era necesariamente corregir, sino transmitir el arte de poder representar cualquier personaje. Incluso el suyo. Si algo se le reconoce a Alonso como icono de la danza es que, además de todo, era una excelente actriz. Giselle, estrenada en 1841 en París, uno de los primeros ballets en la historia, habría quedado enterrado de no ser porque ella lo revivió con sus interpretaciones.

La coreógrafa Aurora Vázquez formaba parte del cuerpo de baile de Alicia en Cuba. Ahora enseña en México en una academia de danza cerca de donde trabaja su esposo Jorge Vega. Vázquez me relata lo que sucedió en una gala del Metropolitan de Nueva York donde invitaron a Alicia Alonso a interpretar el segundo pas de deux de Giselle: “Cuando termina su ejecución sale caminando hacia las bambalinas y, antes del saludo, choca con la cruz de la escenografía. El público se dio cuenta de que estaba totalmente ciega, le aplaudieron muchísimo y le gritaron hasta el cansancio”.

Siempre seducción, precisión y carisma. Siempre salir por la puerta grande.

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Hoy Cuba y el mundo de la danza están de luto. Las zapatillas de Alicia no volverán a sentir aquellos míticos pies.

“No sé si ir o quedarme… al fin y al cabo ya se murió”, me dice Jorge Vega por teléfono este 17 de octubre.

Luego se acuerda de la última vez que vio a Alicia en Cuba a principios de 2019. Ella estaba sentada en un sillón de su casa con la cabeza reclinada, todavía a los 98. El pelo recogido por la bandana azul que la distinguía; los pies cruzados, en quinta posición.

Esta pieza periodística fue generada durante la clase Redacción informativa (Comunicación, Subsistema de Periodismo) con la Mtra. Mariana Anzorena. Primavera 2019.

Actualización y edición: Equipo de estudiantes de la clase Empresas informativas (Comunicación, Subsistema de Periodismo) del Dr. Sergio Rodríguez Blanco. Otoño 2019.

2 thoughts on “Huellas y secretos de la incansable Alicia Alonso

  1. Alicia alonso sin dudas es el más grande ícono de la danza en Cuba y una de las más grandes bailarinas de ballet de todo el mundo… bailar casi a ciegas guinadose por las luces la pareja de baile y el sonido de las zapatillas en el tabloncillo, eso habla de su grandeza como también lo muestra la excelente escuela de ballet que materializó junto con Fernando Alonso una de las mejores de todo el mundo y que distingue no solo por el rigor y la calidad sino por las piruetas, posturas al bailar eso solo lo tienen los cubanos gracais a Alicia, Fernando y otros maestros…. Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo ese era su largo nombre y apellidos….. Larga fue su trayectoria, grande su vida como bailarina y como maestra… La prima ballerina Assoluta sigue viva, no ha muerto….

  2. Cuando tenia 20 y tantos fui a Cuba a un concurso internacional de ballet y tengo una de las experiencias mas maravillosas de mi vida.las clase de ballet en ese salon sin vidrios muy cerca del mar, correr en el malecon mis compañeros de ballet , el teatro, los ensayos antes de la funcion la playa Varadero, mi compañero Luis el bailarin, todo fue maravilloso hasta que conoci a Alicia en la fiesta de despedida en una casa antigua con alberca platicar con ella me dio el impulso para amar al ballet .

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